Mundo de ficçãoIniciar sessãoSe dio cuenta de lo que acababa de decir. Ella no tenía ningún derecho de inmiscuirse en la vida de ambos, ellos tenían derecho a gustarse, ella debía guardarse las ideas tontas que se le habían ocurrido a lo largo de la noche.
- Lo siento, no debí preguntarte eso. Yo… yo lo siento, de verdad, creo que debo irme a casa - dijo mientras se levantaba, Pablo se levantó también y la detuvo.
- ¡No! Espera, no te vaya







