-CAPITULO 8-

Se dio cuenta de lo que acababa de decir. Ella no tenía ningún derecho de inmiscuirse en la vida de ambos, ellos tenían derecho a gustarse, ella debía guardarse las ideas tontas que se le habían ocurrido a lo largo de la noche.

- Lo siento, no debí preguntarte eso. Yo… yo lo siento, de verdad, creo que debo irme a casa - dijo mientras se levantaba, Pablo se levantó también y la detuvo.

- ¡No! Espera, no te vaya

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