La daga

La incomodidad no cesó con el pasar de las horas. Me quedé con el vestido puesto acurrucada junto con Maya en el sillón. Poco me importó que mi hermoso vestido se llenara de pelos de perro. Jack llegó por el pasillo, me quiso decir algo, pero se detuvo. Se fue otra vez a la habitación y volvió minutos después.

—Emma... ven a dormir. &md

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