POV MAGNOS
Desperté sobresaltado con el sonido agudo e insistente de llanto. Mi corazón se aceleró, y por un momento el pánico me dominó. Abrí los ojos rápidamente, buscando el origen de aquel alboroto. Frente a mí, Amelia estaba sentada en la cama, con dos de nuestros cachorros en sus brazos, uno en cada pecho, amamantándolos con una expresión desesperada de cansancio e impotencia. Los otros dos lloraban sin parar, moviéndose inquietos sobre la cama.
— Amelia, ¿qué está pasando? — pregunté, t