POV MAGNOS.
Salí de mi oficina y volví a casa. Cuando llegué, todos ya se habían retirado. Subí las escaleras hacia la habitación de Amelia. Cosmo no paraba de refunfuñar que quería sentir a los cachorros. Lobo molesto.
Llegué a la puerta de su habitación y la abrí despacio para no despertarla. Entré y caminé hasta la cama; como siempre, esa humana dormía como una piedra. ¿Qué será de nuestros cachorros cuando nazcan y la necesiten de madrugada? Pobres de mis cachorritos, tendrán una madre inú