POV AMELIA
Magnos me llevó hasta el auto, dos de sus soldados nos esperaban. Cecilia me enseñó cómo referirme a ellos. Los dos olfatearon el aire y me miraron, pero desviaron los ojos rápidamente. Magnos no permitió que ellos abrieran la puerta para mí. Él mismo lo hizo, este lobo es muy celoso. Entramos al auto y el conductor comenzó a manejar. Noté que los dos de adelante me miraban brevemente a veces. Y aquello me estaba incomodando. Magnos parece haber notado mi incomodidad.
— ¿Estás bien?