KELLEN
Al avanzar por el pasillo hacia la cocina, un olor agradable invadió mi nariz. Me dirigí hacia allá y ahí estaba, no recordaba cuánto tiempo había pasado desde la última vez que nos vimos, sobre todo desde que una pelirroja se cruzó en mi camino. Negué con la cabeza y me hice notar.
—Hola, nana —la saludé, ella se giró para verme mejor y abrazarme.
—¡Oh, mi niño! Hace tiempo que no te veía, ¿cómo has estado? Cada vez que te veo, pareces más alto —reímos.
—Sigo igual que siempre —dije con