ADAM
A la siguiente mañana, me presenté en casa de Chaim. El muy pendejo no me esperaba, y ese era el punto de llegar, sin previo aviso, para sorprenderlo. Esperé a un lado de mi auto, fumando un cigarrillo, pero observando todo a mi alrededor, donde más se veía movimiento era en la parte de dentro, hasta que finalmente, diez minutos después, me dejaron pasar.
Chaim salió a recibirme y caminé detrás de él. En cuanto entré, vi a Acosta custodiando la puerta. Obviamente, ambos actuamos como si no