Abrí la puerta de mi oficina y caminé decidida a tomar las riendas de mi vida. Ya no me importaba nada más que terminar con este maldito infierno. Y si para eso tenía que hacer un pacto con el diablo, lo haría. Llegué a la puerta de su oficina y la abrí sin siquiera tocar. Él me observaba sorprendido desde su escritorio. Era obvio por la forma en que se encontraba mi rostro, pero no lo dejé hablar. Avancé hasta quedar justo al frente.
—Quiero que me hagas el amor ahora.
Lo último que yo esperé