—Eso —dijo lentamente— es justo lo que necesito.
Izzy dio un pequeño grito de alegría. —Lo sabía.
—Tengo ganas de algo fuerte —admitió Olivia—. Muy fuerte. Quizás con una lima. O tres.
—Mejor no digas más. Tequila, entonces.
—Ay, Dios —gimió Olivia, aunque la opresión en su pecho se había aliviado un poco.
—¿Las nueve? —continuó Izzy—. La hora de terciopelo. Vístete sexy. O cómoda. O con un aire de caos emocional. Lo que sea que te apetezca.
Olivia se miró a sí misma: blusa arrugada, falda lige