—No hay nada que contar —dijo Derek con terquedad.
Las palabras salieron demasiado rápido. Demasiado planas. Como si las hubiera ensayado en un intento de convencerse a sí mismo también, y la sonrisa de Isabella se desvaneció al instante. Se le quedó mirando fijamente durante un segundo, buscándole el rostro como si pudiera encontrar la verdad escondida en algún lugar tras la negativa.
—¿Aún vas a seguir mintiéndote a ti mismo? —preguntó ella en voz baja—. ¿Incluso ahora?
Se le apretó la mandíb