Cuando por fin llegaron a casa, la felicidad impresa en el rostro de Rebecca era demasiado evidente para ocultarla al mundo. Rud estaba tan feliz como su madre, con todas las cosas que habían pasado sentían que era hora de disfrutar de los momentos llenos de alegría y felicidad. Por supuesto que Rebeca no estaba enfadada, estaba orgullosa de su hijo pero eso era algo que no podía dejarle saber si no quería recibir más llamadas de atención.
—Vamos, mi niño, pon tu mochila en nuestra cama y ven