En la misma oscuridad donde la tristeza, el dolor, la culpa y todos esos sentimientos negativos se apoderan de nuestro interior, Daniel estaba sentado allí, frente a Donnovan, escuchando lo que decía.
La calma en el ambiente podía relajar a quien estaba lidiando con la situación más terrible de su vida. El almacén había abierto su puerta para el hombre que había dejado su lugar por, sólo Dios sabía por cuánto tiempo hasta que pudiera estar vestido con los mismos trajes de lujo que usaba antes.