En el suelo de aquel horrible espacio se encontraban tres personas sentadas, la seriedad en el rostro de Rebeca y Daniel reinaba en ese momento, el único que parecía reír con solo recordar como Daniel había golpeado a aquellos hombres era Rud.
De repente una sonrisa se dibujó en su carita.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Rebecca.
Rud la miró. Era un niño muy mono. —Nada.
—¡Creo que tenemos que preparar nuestras cosas para irnos ya! —Dijo Daniel, levantándose del suelo.
—¿Por qué? —Rebeca hizo