Kyong entró en el centro comercial a toda prisa para no perderla de vista, y aunque demoró un poco, la encontró sentada frente a una pared de vidrio, en la que se podía ver un hermoso acuario. Él la contempló con detalle por un instante en silencio, y lo que vio lo preocupó, porque ella se veía muy pálida y ojerosa. Se sentó en silencio a su lado y sólo dijo:
—Este lugar transmite mucha paz, la misma paz que me transmiten tus ojos, cada vez que los miro. —este comentario hizo que ella lo mirara