La dirección proporcionada por Marcos llevó a Mervin a un pequeño pueblo costero, donde las olas acariciaban la orilla y el faro se alzaba como un guardián solitario. El viento salado jugueteaba con sus cabellos mientras caminaba hacia la casa de Olegda, sintiendo el peso de la incertidumbre en cada paso.
Mervin golpeó la puerta con determinación, y Olegda, sorprendida por la visita, abrió con cautela. Sus ojos se encontraron en un silencio tenso antes de que Mervin rompiera la barrera.
─ Olegd