Mervin escuchó el pitido que muestra que la llamada había terminado pero aún sostenía el teléfono en esta mano congelado. Olegda, por otro lado, arrojó su teléfono sobre la cama en la que estaban sentadas, enojada.
Mónica sabía que estaba molesta, pero aun así preguntó en broma: —¿Tu ex marido te está pidiendo que vengas?— mmm—.
Olegda se rió de su pregunta —jaja, él no me necesita, solo necesita a Ariadna—. Ella continuó: —Sé que realmente te encantaría que su arduo trabajo se fuera por el des