—Giordiña—vuelvo a hablarle—¿Qué pasa?
—Necesitaba ver que tan poca cosa eres—me arden los ojos—y si, no vales nada.
—No me conoces para que digas eso sobre mi—se ríe y en verdad me desagrada mucho que lo haga de esa manera-
—No necesito conocer saber de ti o ser grandes amigas para saber qué eres una poca cosa que no vales absolutamente nada.
Respiro profundo, y aunque no quiero llorar, no puedo evitar que mis fosas nasales me ardan.
—Si no vas a decirme nada más, te agradecería que por fa