El eco de los pasos de Valentina Morales resonaba firmemente por el pasillo del hospital, ahora fuertemente custodiado por una unidad de seguridad privada que ella misma había contratado, y ya no por los guardaespaldas enviados por el Grupo Valderrama.
Detrás de ella, los periodistas aún intentaban alcanzarla, pero las barreras de cristal automáticas se cerraron, separando el bullicio público de la tranquilidad de la esterilización médica.
"Vale, estuviste increíble allá abajo", susurró Sofía,