El suelo de la pista de baile aún temblaba bajo los pies de Valentina, pero su corazón latía mucho más rápido que el ritmo de la música de la orquesta que se desvanecía.
Caminó rápidamente hacia el ascensor de servicio detrás del salón, tratando de evitar a la multitud de socialites que comenzaba a susurrar sobre la partida súbita de Sebastián.
Valentina no quería ser objeto de lástima. No quería ser un espectáculo.
Justo cuando las puertas de bronce del ascensor estaban a punto de cerrarse,