El suelo del bosque de montaña se sentía resbaladizo e inestable bajo los pies de Valentina.
La oscuridad de la noche solo era rota por la luz de la luna que se asomaba ocasionalmente entre las densas nubes.
El rugido de una cascada en la distancia comenzó a escucharse, una sinfonía natural que ahora servía como guía para su huida.
Valentina se movía en silencio, abrazando a Santiago como si el bebé fuera parte de su propio corazón.
Ya falta poco, Señora. Justo detrás de esa gran formación r