Isabella no durmió esa noche. El email brillaba en su mente como una señal de neón, imposible de ignorar. Cada vez que cerraba los ojos, veía a su padre su sonrisa cálida, sus manos callosas de trabajar en las obras, la forma en que siempre olía a café y papel de construcción.
"Tu padre no murió como te dijeron."
A las seis de la mañana, finalmente se rindió y se preparó café. Su teléfono mostró tres llamadas perdidas de Dante de la noche anterior. Sabía que debería devolverlas. Sabía que ocult