Isabella pasó el resto de ese horrible día en su apartamento, envuelta en una manta en su sofá, mirando sin ver la televisión. Mariana había llegado como prometió, con una bolsa llena de comida chatarra, dos botellas de vino, y la determinación de una mejor amiga en misión de rescate.
Necesitas comer algo insistió Mariana, tratando de poner un plato de comida china en las manos de Isabella.
No tengo hambre.
Bella, no has comido nada en todo el día. Al menos bebe algo.
Isabella tomó el vaso