Lenis salió de la ducha en la tarde del martes. Ya podía darse un baño sin el protector de la pierna, la herida sanaba veloz.
Con una toalla en la cabeza y otra alrededor de su cuerpo, entró a la habitación y se dirigió hacia el armario, para quedarse casi literalmente congelada delante de las puertas abiertas y de madera pintada de blanco.
El armario estaba vacío, a excepción de un solo gancho, el cual tenía colgado una prenda misteriosa.
Lenis miró alrededor de la habitación, sin moverse, ext