—El día que conocí a Lenis Evans, ese día que entró por primera vez a mi oficina en el consorcio —le decía Maximiliano Bastidas a George, ambos sentados frente a frente, en los sillones de la sala del apartamento del abogado ubicado en plena ciudad, cerca del bufete—, quedé bastante impresionado. —George despegó sus ojos del trago de Wishky que se estaba bebiendo para mirarle—. No me veas así, ella es demasiado hermosa. De entrada, puede quitarle el aliento a más de una persona.
George suspiró y