—¿Estoy metida en un problema, abogado? —preguntó Seda al otro lado de la línea.
George sonrió.
—Negativo, señora Seda. La llamo por un asunto personal.
La mujer, quien se encontraba de pie moviéndose de un lado para el otro en el salón improvisado, construido con toldos y tarima de la más fina en el jardín de su mansión a las afueras de la ciudad, vestida con un lindo atuendo veraniego color blanco con detalles floreados, pero de mangas largas y talle largo, ya que el mes y el clima fresco l