—¡Max, espera! —Lenis dejó todo intacto en la mesa, casi no había comido por completo, para ir detrás de su jefe, quien se había retirado de la mesa con bastante molestia—. ¡Oye! —Lo atrapó ya subiendo por las grandes escaleras que dirigían hacia las habitaciones de la casa.
Max se volteó y la encaró.
—¿Ahora qué sucede, Lenis? El desayuno se te va a enfriar.
Ella alzó las manos haciendo señas de que no siguiera, que la escuchara.
—Sé que eres un buen hombre. Sé que ustedes tres lo son. Enti