Maximiliano se había levantado temprano. Esa noche, como las dos anteriores, no había podido dormir bien. Gracias a Dios, el dolor de cabeza había amainado, de hecho, ya no lo sentía. La reunión que tuvo anoche le había sentado fatal.
En la madrugada del jueves recibió una llamada de Peter informándole que su secretaria había sido informada de todo lo que ellos tramaban. El propio Miller se lo había contado. También, el agente de seguridad le informó lo que Max temía: que a ella no le había sen