Capítulo 40

Para George, el mundo no tenía sentido.

Se levantó, lento, como si tuviese una de las peores resacas encima, o tal vez, una herida sangrando, molestando y debilitándolo con cada paso.

Aunque, si él se sinceraba consigo mismo, así se sentía, sangrante y provocador de heridas, asesino de almas. Se sentía como una persona deplorable.

Sin embargo, su cabeza no estaba del todo nublada. A pesar de sentirse patético, era plenamente consciente de la situación, sobre todo, de q

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