SEAMOS FELICES.
Pasaron el resto del día en medio de abrazos y besos, sin llegar a más. Por la tarde después de comer, decidieron dormir un poco en una hamaca que estaba en el porche, tener la brisa marina y el sonido de las olas arrullándolos les otorgó un delicioso descanso.
Cuando ya comenzaba a bajar el sol, Emely, sugirió ir a bañarse.
—Llevemos una manta— dijo Bruno, y Emely asintió, corrió por la arena, como una niña feliz, sintiendo como sus pies se hundían. Cuando él llegó con ella hasta la orilla, ex