AFRODITA.
Bruno, la dejó sobre la cama, y sin dejar de mirarla se deshizo del calzado, un par de minutos después la ropa de ambos había desaparecido, y estaban envueltos en un enjambre de besos y caricias, ella estaba asombrada y complacida, al sentirse acariciada por él, de aquella manera, con tanta sensualidad, casi con veneración, como si no pudiese creer que aquello estaba sucediendo, que realmente ella estaba allí entre sus brazos.
Los masculinos labios la acariciaron ella arqueó la espalda, se afer