Lenin, no se separó de Dylan, en todo el resto del día, estuvo pendiente de darle los medicamentos, le había puesto una intravenosa donde le administraba antibióticos más fuertes que recién le había prescrito, estaba atento en que no le subiera la fiebre de nuevo, era ya media noche y el seguía sentado a pie de la cama de la pelirroja
La mafiosa despertó, sus ojos verdes trataban de ubicar en dónde estaba
— ¿Qué pasó? tengo mucha sed...
— Hola, preciosa, por fin despiertas, aquí tengo una bote