Los días pasaron en la mansión Diamantis, Romina seguía atendiendo a su esposo diariamente, le daba los alimentos, pasaba horas a su lado conversando con él, así el hombre tuvo oportunidad de hacerla sentir su calidez
El Hades tocaba con mayor frecuencia a su esposa, ella disfrutaba de cada caricia, el hombre en la intimidad de su habitación era otra persona, una que tenía encantada a Romina, una de la que se estaba enamorando perdidamente
— Hola papi, ya regresamos del colegio, ¿cómo te encue