La bella Romina se quedó mirando a los ojos de su malhumorado esposo, sus ojos azules parpadeaban mientras ella pensaba que tenía razón
— Yo le daré todo lo que una madre da a un hijo, agradezco a la vida que me lo haya devuelto, por esta oportunidad para tenerlo conmigo, pero... ni me gusta que lo discriminen por ser él mismo, no quiero que lo lastimen, eso me dolería mucho
— Para eso estoy yo, yo puedo con eso, puedo confortarlo a él... y a ti
Romina asintió, ella siguió comiendo más calmada,