Fue imposible que las palabras de Catriana, no afectarán a Romina, ella que antes moría de hambre, solo picó el platillo, no quiso comer, se le veía un poco triste, el mafioso no encontraba la forma de hacerla sonreír
— Cariño, come tu platillo, seguro los bebés tienen hambre, no debes mal pasarte, seguro que ellos están hambrientos esperando que les des un bocado, a ver abre la boca — el esposo dió un bocado de carne a su mujer
— Ya no quiero comer, se me fué el apetito, quiero ir a casa, no