—Señor Danek, hemos llegado a la oficina —indica el chofer y ni siquiera me había dado cuenta de que estábamos frente al edificio.
—Gracias —digo y me bajo del coche.
Siento que mi cuerpo esta aquí, pero mi mente no lo está, y es que no dejo de pensar en lo que me ha pedido Miguel. Es una locura, pero también entiendo que es la única salida que tenemos para que todo esto termine ya, pero ¿Cómo le explico a Haizea lo que debo hacer?
Sé muy bien que no estará de acuerdo con esto, pero no me queda