Estamos los dos sentados frente a frente en mi oficina y a pesar de que sé que hay un hombre encerrado en la sala de seguridad esperando a que tome una decisión, yo solo puedo pensar en ella. Haizea entrecierra sus ojos como si estuviese tratando de entender lo que me sucede, pero yo simplemente me acerco al borde del sofá y tomo su mano para depositar tiernos besos en su dorso.
—¿Me dirás que sucede? Sé que todo esto te tiene preocupado, pero puedo ver en tu rostro que hay algo más que te preo