EPÍLOGO.
El rugido del motor resuena con fuerza mientras Alessandro maneja a toda velocidad, o al menos tanto como la ley le permite. Con las manos firmes sobre el volante y su mirada fija en la carretera, a su alrededor el mundo parece una mancha borrosa de luces y sombras, mientras su respeto por el tráfico queda atrás en su carrera desesperada por llegar al hospital a tiempo.
Desde el asiento trasero, los jadeos entrecortados de Nicole llenan el coche, cada respiración parece un gran esfuerzo para s