Alessandro despierta lentamente, sus párpados se sienten pesados y su visión borrosa. Los sonidos lo rodean: el suave pitido de las máquinas, el murmullo distante de voces y el eco amortiguado de pasos en algún, pero todo es tan confuso. Poco a poco, comienza a distinguir la tenue luz filtrándose por las persianas y las líneas frías y limpias de la habitación. El dolor en su costado es lo primero que siente de forma más vívida cuando intenta moverse, una punzada intensa que lo obliga a detener