Si alguno de ellos dice que había logrado dormir, estarían mintiendo. El amanecer apenas comienza a iluminar la casa, pero el agotamiento es evidente en cada rostro. Nadie ha podido conciliar más de diez minutos; las horas transcurren entre suspiros, miradas fijas en el teléfono, y un constante estado de tensión que los asfixia a todos. Nicole se encuentra sentada en el sofá, con las rodillas recogidas hacia su pecho, sus ojos enrojecidos e hinchados están irritados de tanto llorar. Alessandro