Si la declaración de Helena se sintió como un amargo sabor de boca para Johana, las palabras de Siena dejan una sensación extraña en la sala, no solo para ella, sino para todos los presentes. Es la sensación de que algo está avanzando de manera inevitable.
Durante varios segundos nadie habla. El juez Claus toma algunas anotaciones mientras el secretario organiza documentos sobre su escritorio. Los únicos sonidos presentes son el roce del papel y el golpeteo —aunque ahora más ligero— constante d