Kirsteen entra en el comedor sin ningún tipo de cuidado o la más mínima intención de anunciarse, solo se limita a empujar la puerta con más fuerza de la necesaria, un gesto bastante simple, pero lo suficientemente contundente como para para dejar claro el estado en el que se encuentra. El sonido resuena en la estancia, rompiendo la calma que hasta ese momento dominaba el ambiente. Johanna se mantiene sentada a la cabecera de la mesa, con la espalda recta y la elegancia intacta, sosteniendo una