SARA.
—¿Alex? —retrocedí un poco ante su palidez, y luego lo vi pasar un trago duro—. ¿Qué ocurre? —él negó y se despabiló con urgencia.
—Nada… creo… solo he escuchado de él… —achiqué mis ojos.
¿Tendrían algún conflicto? Su comportamiento era muy extraño, aunque, ¿Quién en todos los Estados Unidos no conocía a Adam?
—Escucha… mejor quiero dormir… necesito pensar… —él asintió sin ponerme alguna traba y eso hizo que mi estrés aumentara.
Alex envió a su servicio a preparar una habitación para mí,