SARA.
Me había quedado congelada cuando Adam cerró la puerta, y aunque no lo quisiera, este beso en la frente, me había dolido más que el día en que me dejó en la calle.
Me senté en la cama y agarré mi cabello.
Ya teníamos dos semanas en esta isla. Adam había progresado increíblemente con Liam, y yo ya podía ver en los ojos de mi hijo, como nacía una adoración para con su padre.
Era inevitable no sentir cierta culpa por mucho, pero a la vez había una sensación en mi pecho que quería mandar t