ADAM.
Contacté con el abogado para una cita por la mañana, y dejé listo mi reunión, para esperar a las cuatro de la tarde a Alexander Mars, que ya se había contactado con mi secretaría, que venía en camino.
Y cuando el hombre entró a mi oficina, me levanté y le di la mano.
—Adam…
—Hola… siéntate…
Alexander se veía algo tenso, pero se sentó.
—Me he enterado al medio día, que tu padre se reunirá con el mío…
Asentí.
—Eso me dijo… —él afirmó de forma lenta.
—Creo que ya es hora, y creo que la de no