EMMA.
Una hora después, llegué al mismo hotel dispuesta a descansar de esta tensión que tenía constantemente apretado mi cuerpo, pero me frené con la toalla envuelta, cuando mi teléfono móvil comenzó a sonar.
—¿Sí?
—Señorita, Emma Johnson… —fruncí el ceño.
—Sí… ¿Quién es?
—Tenemos una entrega para usted de parte de la empresa Musk Inc. Solo que en la dirección de su currículo parece no haber nadie, y se nos informó que estaría en casa.
Mis mejillas se volvieron rojas, y me senté.
—He cam