EMMA.
—Mi asesora financiera… Emma Johnson… —estiré mi mano hacia dos hombres que se pusieron de pie, y que oscilaban entre 40 y 50 años.
Uno de ellos me apretó la mano por más tiempo, y Noah se la quedó viendo e intervino separándolas.
—No la asustes… no quiero que se vaya tan rápido… —el hombre le sonrió a Noah como si fuese un juego entre ellos, pero mi corazón palpitaba con fuerza ante todo lo desconocido.
—Una bella asistente financiera… yo solo obtengo viejos calvos… —todos rieron y me