NOAH.
—¡Noah! —escuché un grito incesante, pero no pude dejar de golpear el pasamanos, hasta que sentí que se me quebraron los huesos—. ¡Noah!, ¡Noah…! ¡Por favor…!
Había demasiada furia en mi cuerpo, tanta que cuando me giré, había empujado a Emma, y tuve que parpadear para que la visión dejara de estar nublada.
Ella estaba agitada, y sobre todo aterrada, así que me detuve por un momento, pero me sentía ahogado.
—Emma… —noté como las lágrimas salían por sus ojos, mientras sus labios intentaban