Pensé que podría soportarlo, pero era muy difícil verlos juntos. Y no, yo no tenía por qué sentir celos, no tenía derecho, pero esa maldita presión en el pecho me gritaba lo contrario. Intenté ignorar cada vez que Vanessa se acercaba a su esposo y lo tocaba, o incluso dejaba pequeños besos en sus labios. El sonido suave de sus risas y el roce de sus manos me perforaban el corazón. Justo cuando se sentó en su regazo, sentí que el corazón se me iba a explotar por la presión y esa fea sensación de