Pasé saliva, una punzada desagradable tocó mi pecho.
—Siempre he sido meticuloso, valoro mi espacio de trabajo como un santuario inviolable. Mi lugar tranquilo de concentración y creatividad. Este espacio es exclusivamente mío. Ni siquiera Vanessa, ha cruzado el umbral del estudio. Desde que la conocí dejé claro que necesitaba un lugar donde pudiera sumergirme para conectar con mi creatividad sin interrupciones.
El corazón se me aceleró, no sabía cómo interpretarlo, más bien tenía miedo de