Alan se incorporó, lo miré acercar su mano mojada hacia su boca retirando las gotas que habían quedado de mis jugos, se relamió los labios deleitándose con cada gota. Se acercó, pasó su mano tras mi espalda ayudándome a sentar, mi respiración hacía competencia con mi corazón. Me sonrió antes de poner sus labios en mi mejilla y luego en mis labios. Mordí suavemente su labio inferior.
—Sabes que eso es extremadamente peligroso —soltó en mis labios con voz ronca por la excitación.
Solté una risita